1. Vierte la leche condensada y la leche evaporada en una cazuela de fondo grueso, añade la vaina de vainilla partida por la mitad y cuécelo a fuego medio-bajo, sin dejar de remover, 30–40 minutos, hasta obtener una crema espesa de color caramelo (manjar blanco) en la que quede marcado el rastro de la cuchara de madera.
2. Retíralo del fuego, saca la vainilla e incorpora las yemas de una en una, batiendo rápido; remuévelo 1 minuto más al fuego y luego repártelo en 6 vasos o cuencos y deja que se enfríe.
3. Para el merengue, lleva a ebullición el oporto con el azúcar en un cazo pequeño y cuécelo 5–7 minutos, hasta obtener un almíbar espeso y que haga hilo (118 °C, punto de «bola blanda»).
4. Mientras tanto, monta las claras a punto de nieve firme.
5. Vierte el almíbar caliente en un hilo fino sobre las claras, sin dejar de batir, y sigue batiendo hasta que el merengue quede brillante, firme y tibio.
6. Pon el merengue sobre la crema con una manga pastelera, espolvoréalo con canela molida y sírvelo frío.
Consejo: El nombre se lo dio el poeta José Gálvez, porque, según él, era «suave y dulce como el suspiro de una mujer»; el alcohol del oporto se evapora en gran parte al hervir, pero si quieres que no tenga nada de alcohol, usa mosto de uva en su lugar.
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