1. Limpia bien las manitas de cordero, chamúscalas y lávalas; luego cuécelas 5 minutos en agua hirviendo y tira el agua.
2. Ponlas en 3 litros de agua fría limpia, sálalas y cuécelas tapadas a fuego lento 3–3,5 horas, hasta que la carne y la piel se separen de los huesos.
3. Saca las manitas, separa la carne y la piel de los huesos, pícalas, cuela el caldo y devuélvele la carne.
4. Tuesta la harina en la mantequilla 1 minuto, deslíela con un poco de caldo hasta que quede lisa, viértela en la sopa y cuece 5 minutos; añade pimienta.
5. Bate la yema con el zumo de limón, atempérala con sopa caliente y viértela en la sopa sin dejar de remover; a partir de aquí no debe hervir. Machaca el ajo y mézclalo con el vinagre.
6. Sírvela bien caliente; cada uno la aliña con el vinagre de ajo.
Consejo: Es una sopa rica y gelatinosa, un clásico de las mañanas de invierno. El carnicero suele darte las manitas ya limpias: pídele que las parta por la mitad, así se cuecen antes.
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