El gravy es el acompañamiento imprescindible del asado inglés del domingo: una salsa marrón sedosa y de sabor profundo. Si te ha quedado jugo de un asado, con él saldrá la auténtica.
1. Si has preparado un asado, deja el jugo en la bandeja y retira la mayor parte de la grasa sobrante.
2. Pon la bandeja (o un cazo) a fuego medio y dora en 40 g de mantequilla la cebolla cortada en láminas finas.
3. Espolvorea 3 cucharadas de harina y tuéstala 2 minutos sin dejar de remover, para que pierda el sabor a harina cruda.
4. Rasca con una cuchara de madera los restos tostados pegados al fondo de la bandeja: son los que dan al gravy su sabor profundo.
5. Añade poco a poco 500 ml de caldo de carne y remueve hasta que no queden grumos.
6. Deja hervir 8–10 minutos, hasta que espese; sazona con 1 cucharadita de salsa Worcestershire, 1 cucharadita de sal y una pizca de pimienta, y por último cuélala.
Consejo: Sin los restos tostados del fondo de la bandeja solo obtienes una salsa marrón: el auténtico gravy saca de ahí su profundidad.
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