1. Con unas tijeras de cocina, quita el espinazo del pollo, colócalo en la tabla con la pechuga hacia arriba y aplánalo presionando con fuerza con la palma; haz unos cortes profundos en los muslos y las pechugas.
2. Machaca en el mortero o en una picadora pequeña los chiles (sin el tallo), el ajo, el laurel (sin el nervio duro), el pimentón ahumado y la sal hasta obtener una pasta y luego añade el zumo de limón, el vinagre y el aceite de oliva.
3. Reserva un tercio del adobo en un cuenco para pintar el pollo; con el resto, frota bien el pollo, también bajo la piel, y mételo tapado en la nevera al menos 2 horas, o incluso una noche.
4. Prepara la parrilla a fuego medio (o el horno a 200 °C), coloca el pollo con la piel hacia arriba en una bandeja o en la rejilla y ásalo 25 minutos.
5. Dale la vuelta (en el horno basta con girar la bandeja) y ásalo 20–25 minutos más, pintándolo 2–3 veces con el adobo reservado, hasta que la piel esté crujiente y tostada en algunas partes y la carne esté hecha en la parte más gruesa del muslo (75 °C).
6. Déjalo reposar 5 minutos, trocéalo y sírvelo con patatas fritas y ensalada fresca, regado con su jugo.
Consejo: El chile ojo de pájaro es muy picante: si eres prudente, empieza con 3 y quítales las semillas; en Portugal se pone en la mesa aceite de piri-piri aparte, para que cada uno pique el suyo a su gusto.
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