1. En una cazuela de fondo grueso, lleva a ebullición el agua con la sal.
2. Baja el fuego y echa la polenta en forma de lluvia fina, removiendo sin parar con unas varillas, para que no se formen grumos.
3. Cambia a una cuchara de madera y cuécela a fuego bajo, removiendo a menudo, 40–45 minutos (si es polenta instantánea, los 5–10 minutos que indique el paquete), hasta que esté espesa y cremosa y se despegue de las paredes de la cazuela.
4. Si te parece demasiado espesa, añádele un poco de agua caliente.
5. Fuera del fuego, incorpora la mantequilla y el parmesano rallado y sálala.
6. Sírvela enseguida en platos hondos, como base de ragús, setas o guisos.
Consejo: La proporción 1:4 es la que da la textura cremosa; sírvela siempre recién hecha, porque al enfriarse se endurece. Puedes extender las sobras en una bandeja y al día siguiente hacer polenta a la parrilla.
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