El encurtido clásico del verano: pepinillos crujientes fermentados al sol, con el aroma del eneldo fresco y el ajo.
1. Lava bien los pepinillos, córtales los dos extremos y hazles un corte a lo largo hasta la mitad, para que la salmuera los penetre bien.
2. En un tarro grande de cristal, coloca en capas los pepinillos con los dientes de ajo pelados y el eneldo fresco.
3. Lleva a ebullición el agua con la sal, para que la sal se disuelva por completo, y luego deja que se temple.
4. Vierte la salmuera tibia sobre los pepinillos, de manera que queden completamente cubiertos.
5. Pon encima una rebanada de pan: es lo que pone en marcha la fermentación.
6. Tápalo con un paño de cocina limpio o una gasa y ponlo en un lugar soleado y cálido 3–4 días.
7. Cuando el líquido se enturbie y los pepinillos estén agradablemente ácidos, retira el pan, cuela el líquido y mete los pepinillos en la nevera junto con su líquido.
Consejo: Cuanto más calor haga, antes estarán listos: con mucho calor, bastan incluso 2–3 días. Pruébalos sobre la marcha y, cuando te gusten, mételos en la nevera para que se detenga la fermentación.
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