Una pechuga de pollo a la plancha bien hecha es sencilla, pero agradecida: lo importante es que quede jugosa, así que no la hagas de más, y al final riégala con mantequilla.
1. Corta el filete de pechuga de pollo en filetes del mismo grosor: así se hacen a la vez.
2. Salpimiéntalos por ambos lados.
3. Hazlos en una sartén untada con aceite caliente 3–4 minutos por cada lado, hasta que tengan una costra dorada.
4. Retira la sartén del fuego, añade la mantequilla y riega la carne con la mantequilla caliente: así queda realmente sabrosa y brillante.
5. Déjala reposar unos minutos y sírvela.
Consejo: No la hagas de más, porque la pechuga de pollo se seca enseguida: está lista cuando, al pincharla, suelta un jugo transparente, no rosado.
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