Las patatas fritas caseras quedan crujientes por fuera y tiernas por dentro: con unos pocos trucos sencillos pueden superar incluso a las de cualquier bar.
1. Pela las patatas y córtalas en bastones iguales.
2. Déjalas en remojo en agua fría unos minutos, para que suelten el almidón sobrante, y sécalas bien con un paño de cocina.
3. Calienta el aceite a temperatura alta.
4. Fríe las patatas en varias tandas, sin amontonarlas, hasta que estén doradas.
5. Pásalas a papel de cocina y sálalas todavía calientes.
Consejo: Con una doble fritura, primero a temperatura más baja y luego más alta, quedan realmente crujientes.
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