1. Lava bien las patatas pequeñas con piel y, aún mojadas, rebózalas en la sal gruesa, para que se les pegue una fina costra de sal.
2. Ásalas en una bandeja en el horno a 200 °C 40–45 minutos, hasta que la piel esté arrugada y crujiente y el interior muy tierno.
3. Mientras tanto, corta el ajo en láminas finas y caliéntalo con el aceite de oliva y las ramas de romero en una cazuela pequeña, a fuego muy bajo, 3–4 minutos, para que el aceite tome los sabores.
4. «Golpea» con cuidado las patatas, una a una, con un paño de cocina (o con la palma de la mano), para que se abran, pero sin que se rompan.
5. Riégalas con abundante aceite de ajo y romero y ponles pimienta.
6. Sírvelas bien calientes, con pescado asado, pulpo o bacalao.
Consejo: La costra de sal no sala demasiado la patata, porque la piel la protege: antes de servir, puedes quitar tranquilamente la sal que sobre.
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