1. Para el almíbar, lleva a ebullición el azúcar con 250 ml de agua, una tira de piel de limón y la rama de canela, cuécelo 5 minutos, exprime en él la mitad del limón y deja que se enfríe por completo.
2. Lleva a ebullición la leche con la vaina de vainilla raspada, echa la sémola de trigo removiendo sin parar y cuécela 4–5 minutos hasta que espese; fuera del fuego, incorpora los 40 g de mantequilla.
3. Bate los huevos con el azúcar hasta que estén espumosos e incorpóralos poco a poco a la crema algo templada.
4. Unta con mantequilla una bandeja de unos 25×35 cm, coloca la mitad de las láminas de filo pintando cada una con mantequilla derretida, extiende encima la crema, dobla los bordes y cúbrela con el resto de las láminas con mantequilla; marca las porciones en la superficie.
5. Hornéalo a 180 °C 45–50 minutos, hasta que esté dorado y crujiente.
6. Vierte uniformemente el almíbar frío sobre el pastel caliente y déjalo reposar al menos 2 horas, hasta que lo absorba; luego sírvelo en porciones.
Consejo: El secreto del éxito: almíbar frío sobre pastel caliente; así la masa sigue crujiente y la crema no se empapa. En la nevera se conserva 3 días.
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