1. Pon la harina con la sal en un bol, añade el aceite y poco a poco unos 280 ml de agua templada y amasa 8–10 minutos, hasta obtener una masa lisa, elástica y que no se pegue.
2. Déjala reposar tapada a temperatura ambiente 1 hora: no sube, pero el gluten se relaja y así es fácil estirarla muy fina.
3. Divide la masa en 8 partes y estira cada una sobre una tabla enharinada formando una lámina finísima, de unos 30 cm; si se encoge, déjala reposar unos minutos y sigue estirando.
4. Moja las láminas con agua (o píntalas con un pincel mojado) y espolvoréalas con sésamo.
5. Calienta a fuego fuerte una sartén grande sin grasa o un wok boca abajo y haz las láminas de una en una, 30–40 segundos por cada lado, hasta que se hinchen con burbujas y tengan manchitas claras.
6. Apila las láminas hechas y tápalas con un paño de cocina húmedo, para que se mantengan tiernas: en ellas se envuelve la carne asada, el queso y las hierbas.
Consejo: El lavash forma parte del patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO. Seco se conserva semanas; antes de usarlo, solo hay que mojarlo con agua y envolverlo en un paño, y vuelve a quedar tierno.
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