El lángos es el aroma imprescindible de las playas y ferias húngaras: una masa esponjosa frita en abundante aceite, cubierta con ajo, nata agria y queso.
1. Disuelve el azúcar en la leche tibia, desmenuza la levadura y déjala activarse 10 minutos, hasta que esté espumosa.
2. Añade a la harina la sal y la leche con levadura y amasa hasta obtener una masa blanda y algo pegajosa.
3. Tápala y déjala levar en un lugar templado hasta que doble su volumen (unos 45–60 minutos).
4. Con las manos enharinadas, arranca de la masa trozos del tamaño de un puño, forma discos y estíralos con cuidado hasta que tengan más o menos el tamaño de la palma de la mano.
5. Fríelos en abundante aceite caliente (a unos 170–180 °C) hasta que estén dorados por los dos lados, unos minutos por cada lado.
6. Frota el lángos todavía caliente con dientes de ajo partidos por la mitad (o con ajo machacado).
7. Úntalo con nata agria, espolvoréalo con queso tipo gouda rallado y sírvelo enseguida.
Consejo: No estires la masa demasiado fina, para que el interior quede tierno y esponjoso.
Estas cookies son imprescindibles para el correcto funcionamiento del sitio web. El sitio no puede funcionar sin ellas y no se pueden desactivar.
Estas cookies nos ayudan a entender cómo usan los visitantes el sitio web. Los datos se recopilan de forma anónima mediante Google Analytics para ayudarnos a mejorar el sitio.