El madártej es el sabor de la infancia húngara: unas suaves natillas de vainilla sobre las que flotan bolitas de merengue ligeras como nubes; frío es como más rico está.
1. Pon la leche al fuego con el azúcar avainillado y caliéntala hasta que empiece a temblar (que el borde apenas burbujee, pero sin que hierva).
2. Monta las claras a punto de nieve firme con la mitad del azúcar.
3. Con una cuchara mojada, forma bolitas de merengue y escálfalas por ambos lados en la leche caliente (pero sin que hierva a borbotones) en unos segundos; luego sácalas con una espumadera.
4. Mezcla las yemas con el resto del azúcar y la harina hasta que quede liso.
5. Vierte poco a poco la leche caliente y luego cuécelo sin dejar de remover hasta obtener unas natillas espesas de vainilla, pero cuidado: no dejes que hierva.
6. Deja que las natillas se enfríen y luego coloca con cuidado encima las bolitas de merengue.
7. Sírvelas bien frías.
Consejo: No dejes hervir las natillas en ningún caso, porque el huevo se cuaja y quedan grumosas.
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