1. Muele las semillas de mostaza en un molinillo de especias o de café, en grueso (deben quedar también algunos granos enteros).
2. En un cazo pequeño lleva a ebullición el azúcar moreno con el agua, el vinagre de manzana, la sal, la canela y el clavo, y cuécelo 5 minutos.
3. Saca el clavo e incorpora al líquido caliente las semillas de mostaza molidas y la miel.
4. Cuécelo a fuego lento, sin dejar de remover, 2–3 minutos, hasta que espese un poco.
5. Envásala en tarros limpios esterilizados, ciérralos y deja que se enfríen.
6. Déjala madurar en la nevera al menos 2–3 días (en ese tiempo se suaviza y espesa) y sírvela con salchichas blancas, Leberkäse o pretzels.
Consejo: Recién hecha todavía pica y amarga un poco: la maduración le da su sabor redondo, dulce y especiado.
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