1. Lleva a ebullición la mayor parte de la leche con la rama de canela y la piel de un limón pelada en una tira y déjala reposar 10 minutos; saca las especias.
2. Disuelve la maicena en el resto de la leche fría con 100 g de azúcar sin que queden grumos, viértela en la leche caliente y cuécela a fuego lento, removiendo sin parar, 5–7 minutos, hasta obtener una crema muy espesa y brillante.
3. Viértela en un molde aceitado de unos 20×20 cm, con un grosor de 2 cm, alisa la superficie y, cuando se enfríe, métela en la nevera al menos 4 horas (o toda la noche), hasta que cuaje por completo.
4. Corta la crema firme en cuadrados de 4–5 cm y pásalos por harina y luego por huevo batido.
5. En una sartén, calienta 2 cm de aceite y fríe los cuadrados a fuego medio 1–2 minutos por cada lado, hasta que estén dorados; escúrrelos sobre papel de cocina.
6. Todavía calientes, rebózalos en una mezcla del resto del azúcar con una pizca de canela molida y sírvelos tibios.
Consejo: El secreto es una crema muy espesa: si queda blanda, se deshace al freírla, así que cuécela sin miedo y deja que cuaje bien.
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