La lasaña queda perfecta si preparas con cuidado cada una de sus capas por separado: aquí la paciencia se ve recompensada con creces.
El ragú
1. Pon la carne picada de ternera en una sartén caliente y dórala a fuego medio-fuerte, deshaciendo los grumos con un tenedor.
2. Añade el tomate, sálalo y cuécelo a fuego lento 30–40 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que espese y se convierta en un ragú de sabor concentrado.
La bechamel
3. En una cazuela, funde la mantequilla, echa la harina y tuéstala removiendo 1–2 minutos, hasta obtener un roux claro.
4. Vierte poco a poco la leche, sin dejar de remover (mejor con unas varillas), y cuécela hasta obtener una salsa espesa, sedosa y sin grumos.
Montaje y horneado
5. Pon un poco de ragú en una fuente para horno y luego alterna capas de láminas de lasaña, ragú y bechamel; repítelo varias veces, empezando con las láminas y terminando con la bechamel.
6. Espolvorea la superficie generosamente con queso rallado.
7. Hornéala en el horno precalentado a 180 °C unos 35–40 minutos, hasta que la superficie esté dorada y burbujeante.
8. Antes de cortarla, déjala reposar 10 minutos, para que las capas se asienten y se pueda cortar bien.
Consejo: Vale la pena cocer el ragú despacio y durante mucho tiempo: cuanto más se cueza, más profundo será su sabor.
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