1. Mete el melón al menos 1 hora en la nevera, para que esté bien frío; saca el prosciutto de la nevera 15 minutos antes de servir, para que esté a temperatura ambiente y despliegue su sabor.
2. Parte el melón por la mitad a lo largo y quítale las semillas con una cuchara.
3. Corta cada mitad en 6 tajadas iguales y sepáralas de la corteza con un cuchillo afilado, de modo que la tajada quede apoyada sobre la corteza, pero ya cortada.
4. Enrolla sin apretar una loncha de prosciutto alrededor de cada tajada de melón (o coloca el jamón al lado, formando ondas).
5. Colócalo en una fuente grande o en platos, espolvoréalo con pimienta recién molida y decóralo con unas hojas de menta.
6. Sírvelo enseguida, mientras el melón está frío.
Consejo: Elige un melón maduro y aromático: el extremo opuesto al tallo debe ceder ligeramente al presionarlo y oler dulce. El contraste entre el melón frío y dulce y el jamón salado a temperatura ambiente es la magia del plato.
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