Este clásico británico se basa en el trío de hígado, beicon crujiente y una sedosa salsa de cebolla: un plato rápido, pero muy saciante.
1. Fríe el beicon en una sartén hasta que esté crujiente, sácalo y resérvalo.
2. En la grasa que queda, dora la cebolla en láminas, removiendo a menudo.
3. Espolvoréala con 1 cucharada de harina, remueve, vierte el caldo de carne y, sin dejar de remover, cuécelo hasta obtener una salsa de cebolla espesa, aromatizada con salvia.
4. Corta el hígado en tiras y pásalo por el resto de la harina.
5. Hazlo en la mantequilla, a fuego fuerte, 2–3 minutos, hasta que esté rosado: que se dore por fuera y quede jugoso por dentro.
6. Sálalo solo al final, para que el hígado quede tierno (si lo salas antes, se endurece).
7. Sirve el hígado cubierto con la salsa de cebolla y espolvoreado con el beicon crujiente.
Consejo: No hagas demasiado el hígado, porque si no quedará duro y correoso: le bastan unos pocos minutos.
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