1. Precalienta el horno a 190 °C. Corta el calabacín en rodajas, sálalo y déjalo reposar unos minutos para que suelte su líquido; luego sécalo.
2. En una sartén, con un poco de aceite de oliva, dora las rodajas de calabacín con el ajo machacado unos minutos, hasta que se ablanden un poco.
3. Mezcla los huevos con la nata hasta que quede liso, salpimiéntalo e incorpora la mitad del gruyère rallado.
4. Extiende el calabacín en una fuente para gratinar untada con mantequilla y vierte por encima la mezcla de huevo y nata.
5. Espolvoréalo con el resto del gruyère rallado.
6. Hornéalo unos 30–35 minutos, hasta que el gratinado cuaje y la superficie esté dorada.
Consejo: El calabacín suelta mucha agua: salándolo y secándolo evitas que el gratinado quede aguado. El gruyère rallado le da una bonita costra dorada de queso.
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