1. Deshuesa las guindas, corta las fresas en cuartos y desgrana las grosellas de su tallo; las frambuesas solo hay que revisarlas.
2. Lleva a ebullición la mayor parte del zumo de guinda con el azúcar y las semillas raspadas de la vainilla; añade las guindas y las grosellas y cuécelo 2–3 minutos.
3. Disuelve sin grumos la maicena en el resto del zumo de guinda y viértela en la fruta caliente, removiendo sin parar; hiérvelo 1 minuto, hasta que espese y brille.
4. Retíralo del fuego e incorpora con cuidado las fresas y las frambuesas: con el calor residual solo se calientan, así que conservan su forma.
5. Repártelo en vasos o cuencos y mételo al menos 2 horas en la nevera.
6. Sírvelo con nata ligeramente montada con azúcar avainillado (o con salsa de vainilla).
Consejo: Con frutos rojos congelados también sale estupendo en invierno: no hace falta descongelarlos antes.
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