1. Asa los pimientos enteros en el horno a 230 °C (o sobre la llama del gas o la parrilla) 25–30 minutos, hasta que la piel se ennegrezca y tenga ampollas por todas partes; dales la vuelta varias veces.
2. Pon los pimientos calientes en un bol, tápalos y déjalos sudar 10 minutos: así la piel sale fácilmente.
3. Pélalos, quítales las semillas y el rabito (sin usar agua, que se lleva el sabor) y desgarra la carne en tiras largas; reserva el jugo que suelten.
4. Corta el ajo en láminas finas y mézclalo con el aceite de oliva, el vinagre de vino, el orégano, la sal y la pimienta; añade también el jugo de los pimientos.
5. Extiende las tiras de pimiento en una fuente y riégalas con el aliño de ajo.
6. Déjalas marinar a temperatura ambiente al menos 30 minutos y sírvelas con pescado asado, sardinas a la parrilla o carne.
Consejo: El propio jugo de los pimientos da el mejor sabor al aliño: no lo tires. En la nevera, cubiertos de aceite, aguantan 3–4 días.
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