1. Corta la cebolla morada por la mitad a lo largo y luego en medias lunas finísimas (en pluma).
2. Pon la cebolla en un bol, espolvoréala con una pizca de sal, cúbrela con agua fría y déjala en remojo 10 minutos, frotándola un par de veces: así pierde parte de su picor pero sigue crujiente; escúrrela bien.
3. Pela el tomate (hazle un corte en cruz, sumérgelo 30 segundos en agua hirviendo y la piel saldrá sola) y córtalo en medias lunas finas.
4. Quítale las semillas al chile verde y córtalo en rodajas muy finas.
5. En un bol, mezcla el tomate, la cebolla y el chile, riégalo con el aceite de oliva y sala.
6. Espolvoréala con abundante cilantro picado y sírvela enseguida, con carnes a la parrilla o empanadas.
Consejo: En Chile es la ensalada nacional, acompañante obligada de los asados de las fiestas del 18 de septiembre: todo su secreto está en el tomate pelado y la cebolla «lavada».
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