1. Corta los muslos de pollo en trozos grandes, frótalos con la cúrcuma y la salsa de pescado y déjalos marinar 20 minutos.
2. Tritura en la picadora la cebolla, el ajo, el jengibre y el chile hasta hacer una pasta gruesa.
3. En una cazuela, calienta el abundante aceite y sofríe la pasta con el chile en polvo a fuego medio-bajo 10–12 minutos, hasta que esté de un dorado oscuro y el aceite se separe: es el alma del curry birmano.
4. Añade el pollo y dale vueltas 5 minutos para que las especias lo cubran por todos los lados.
5. Incorpora el tomate en dados, vierte el agua, sala y cuécelo tapado 30–35 minutos, hasta que la carne esté tierna y la salsa espese; en ese momento flota en la superficie una bonita capa de aceite rojizo.
6. Sírvelo espolvoreado con cilantro, con arroz.
Consejo: En Birmania los currys se cocinan con mucho más aceite que en las cocinas vecinas: la base de cebolla sofrita largo rato y el aceite que flota en la superficie (hsi byan, «aceite que regresa») indican que está listo. Si lo quieres más ligero, retira parte del aceite con una cuchara antes de servir.
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