Las costillas asadas están realmente buenas cuando quedan bien doradas por fuera y melosas por dentro, desprendiéndose del hueso.
1. Corta las costillas en trozos y frótalas bien con la sal, la pimienta, el pimentón y el ajo machacado.
2. Ponlas en una fuente para el horno, vierte un poco de agua por debajo y empieza a asarlas tapadas.
3. Primero, cuécelas tapadas a temperatura más baja, para que la carne se ablande.
4. Después, quita la tapa y dóralas a temperatura más alta, regándolas con su propio jugo.
5. Al final tendrán una bonita costra dorada y crujiente, y la carne quedará melosa y tierna.
Consejo: No tengas prisa con la cocción tapada: solo después de ablandarse despacio quedan realmente melosas bajo la costra dorada.
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