1. Disuelve la levadura en la leche templada con una cucharada de azúcar y déjala espumar 10 minutos. Añade a la harina el resto del azúcar, la sal, los huevos y la leche con levadura y amásalo 5 minutos; por último, incorpora poco a poco la mantequilla blanda y amasa 8–10 minutos más, hasta que la masa esté lisa, elástica y brillante.
2. Tápala y déjala subir en un lugar cálido 1,5–2 horas, hasta que doble su volumen.
3. Para la cobertura, amasa con la mano la harina, el azúcar y la mantequilla blanda hasta obtener una masa homogénea, como plastilina. Divídela en dos: a una mitad incorpórale la vainilla y a la otra el cacao en polvo y la canela.
4. Forma con la masa subida 12 bolas iguales y ponlas en una bandeja con papel de horno, separadas entre sí. Forma 12 bolitas con la cobertura, aplánalas entre dos láminas de film en discos finos y coloca uno encima de cada bola de masa.
5. Con un cuchillo afilado (o con un cortador de conchas), marca en el disco un dibujo curvo como de concha y luego deja subir las conchas tapadas 45 minutos más. Precalienta el horno a 180 °C.
6. Hornéalas 18–20 minutos, hasta que la base esté dorada, pero la cobertura de azúcar siga clara. Déjalas enfriar sobre una rejilla. Sírvelas con café de olla o chocolate caliente.
Consejo: No aprietes mucho la cobertura: al crecer la masa durante la fermentación, el dibujo se «abre» bonito, como una concha.
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