1. Pica finas las hojas de romero, aplasta el ajo y mézclalos con el aceite de oliva.
2. Limpia de membranas con un cuchillo pequeño el extremo del hueso de las chuletas y aplana un poco la carne entre plásticos, hasta 1 cm de grosor aproximadamente.
3. Unta las chuletas con el aceite de romero, échales pimienta y déjalas marinar al menos 30 minutos (en la nevera, hasta 2 horas).
4. Calienta mucho la parrilla o la plancha de rayas, retira el ajo y haz las chuletas 2–3 minutos por cada lado, hasta que tengan una bonita costra dorada y con rayas y sigan rosadas por dentro.
5. Al final, espolvoréalas generosamente con sal gruesa.
6. Sírvelas enseguida, bien calientes, con gajos de limón: según la tradición, se comen con las manos, cogiéndolas por el hueso.
Consejo: El nombre significa «quemadedos»: hay que comerlas tan calientes que te quemen los dedos, ¡no hagas esperar a nadie!
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