1. Pon las cebollitas 1 minuto en agua hirviendo y luego sumérgelas en agua fría: así la piel se quita fácilmente.
2. Mezcla las cebollitas peladas con la sal y déjalas reposar 2 horas; luego enjuágalas.
3. Lleva a ebullición el vinagre con el agua, el azúcar, las semillas de mostaza, el laurel y la pimienta blanca.
4. Echa las cebollitas y cuécelas 2–3 minutos, no más, para que se mantengan crujientes.
5. Pásalas a tarros escaldados, cúbrelas con el líquido caliente y ciérralos enseguida.
6. Déjalas madurar al menos 1 semana; sírvelas con tablas de fiambres, asados o raclette.
Consejo: Para pelarlas más fácilmente, después de escaldarlas corta el extremo de la raíz y presiona la cebolla desde ahí para que salga.
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