1. Saca la mozzarella de búfala de la nevera media hora antes de servir, para que esté a temperatura ambiente, y escúrrela.
2. Lava los tomates y córtalos con un cuchillo afilado en rodajas de unos 7–8 mm de grosor.
3. Corta la mozzarella en rodajas del mismo grosor (o desgárrala a mano en trozos).
4. En una fuente grande y plana, coloca alternando y superpuestas las rodajas de tomate y de mozzarella, intercalando hojas de albahaca.
5. Justo antes de servir, salpimienta, espolvorea una pizca de orégano seco y riega con abundante aceite de oliva virgen extra.
6. Sírvela enseguida, con pan del día.
Consejo: Todo el plato depende de tres ingredientes: tomate maduro y sabroso, mozzarella fresca (a ser posible de búfala) y un buen aceite de oliva; la mozzarella y el tomate fríos de nevera no saben a nada, así que sírvela siempre a temperatura ambiente.
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