1. Lleva el caldo a ebullición en una cazuela y, si hace falta, sálalo.
2. En un bol, mezcla bien con un tenedor los huevos, el parmesano rallado, la sémola de trigo, la nuez moscada, la ralladura de limón y una pizca de pimienta.
3. Añade a la mezcla de huevo un cucharón de caldo caliente y remuévelo hasta que quede liso: así no se formarán grumos en la cazuela.
4. Baja el fuego a medio y vierte la mezcla de huevo en un hilo fino en el caldo, que debe estar hirviendo suavemente, removiendo sin parar en círculos con un tenedor o unas varillas, para que se formen pequeños «harapos» (stracci) blandos.
5. Cuécelo 1–2 minutos más, hasta que el huevo cuaje, y retíralo del fuego.
6. Sírvelo bien caliente, espolvoreado con perejil picado y un poco más de parmesano.
Consejo: En Roma es el primer plato ligero de las comidas de Pascua y de Navidad: el secreto es un caldo muy sabroso y verter el huevo sin dejar de remover.
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