El caldo de pollo es la corona de los domingos húngaros: un caldo limpio, dorado y de sabor intenso, cocido lentamente.
1. Limpia el pollo y lávalo bien en agua fría. Prepara las verduras: pela la zanahoria y la chirivía, limpia el colinabo y el apio y córtalos en trozos grandes. Pela la cebolla y los dientes de ajo, lava la col rizada, quítale las hojas exteriores y córtala en gajos grandes.
2. Pon la carne en una olla grande, cúbrela con unos 2,5–3 litros de agua fría y empieza a calentarla despacio. Cuando hierva, retira con cuidado con una cuchara la espuma que se forma en la superficie, para que el caldo quede limpio y de un bonito color dorado.
3. Añade la cebolla, el ajo, la zanahoria, la chirivía, el colinabo, el apio y la col rizada. Sala al gusto y sigue cociéndolo a hervor apenas perceptible.
4. No dejes que el caldo hierva con fuerza, porque puede enturbiarse. Cuécelo unas 2–2,5 horas, hasta que la carne esté completamente tierna y las verduras le hayan cedido su rico sabor.
5. Cuando esté listo, cuela el caldo con cuidado. Sirve la carne y las verduras aparte o, si lo prefieres, devuélvelas al caldo limpio.
6. Tradicionalmente, el caldo de pollo se sirve con pasta fina cocida.
Consejo: Para un caldo aún más dorado, cuece la cebolla con su piel (bien lavada): le da color natural y más aroma.
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