1. Parte las cebollas por la mitad y córtalas en medias lunas finas. Mézclalas en un bol con la sal y déjalas reposar 10 minutos, para que suelten su jugo.
2. Añade la harina de garbanzo, la harina de arroz, la cúrcuma, el chile en polvo, el ajwain, el chile verde picado y el cilantro y mézclalo desmenuzándolo con las manos.
3. Añade solo el agua necesaria, cucharada a cucharada, para que la harina se pegue a la cebolla como un rebozado espeso: no debe quedar una masa líquida de crepes.
4. En una cazuela pequeña y honda, calienta el aceite (a unos 175 °C) y echa en él pequeños montoncitos sueltos de la mezcla. Fríelos a fuego medio, dándoles la vuelta, 4–5 minutos, hasta que estén dorados y crujientes.
5. Sácalos con una espumadera y escúrrelos sobre papel de cocina.
6. Sírvelos bien calientes, con chutney de menta o kétchup y una taza de masala chai.
Consejo: Es el aperitivo indio clásico de las tardes lluviosas del monzón. La harina de arroz los hace extracrujientes; el propio jugo de la cebolla liga la masa, por eso apenas necesita agua.
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