1. Pon las hojas de gelatina en remojo en agua fría 10 minutos. Forra un molde de 20×20 cm con papel de horno.
2. Bate la mantequilla blanda con las semillas raspadas de la vaina de vainilla hasta que esté esponjosa y resérvala (a temperatura ambiente).
3. Escurre las hojas de gelatina y disuélvelas en un cazo pequeño con 3 cucharadas de agua, a fuego bajo (sin que hierva); deja que se enfríe un poco.
4. Monta las claras a punto de nieve firme y luego, añadiendo el azúcar poco a poco, bátelas hasta obtener un merengue brillante y espeso. Vierte la gelatina tibia en un hilo fino, sin dejar de batir, y por último incorpora la mantequilla cucharada a cucharada. Extiende el merengue en el molde y mételo 1 hora en la nevera, hasta que cuaje.
5. Para la cobertura, lleva a ebullición la nata, retírala del fuego, echa el chocolate troceado y remueve hasta que quede liso; deja que se enfríe un poco, viértelo sobre el merengue cuajado y alísalo. Mételo al menos 2 horas más en la nevera.
6. Córtalo en dados con un cuchillo mojado en agua caliente y sírvelo frío.
Consejo: El ptasie mleczko («leche de pájaro») debe su nombre a un viejo dicho: a quien lo tiene todo, solo le falta la leche de pájaro. Este dulce, nacido en Varsovia en 1936, se convirtió en uno de los bombones favoritos de los polacos y, gracias a las claras, es tan ligero como sugiere su nombre.
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