1. Lava el arroz en un colador bajo el grifo de agua fría hasta que el agua salga limpia y luego escúrrelo bien.
2. Tritura en la batidora el tomate con la media cebolla y el ajo hasta que quede liso; si hace falta, alárgalo con un poco de caldo.
3. En una cazuela, calienta el aceite y sofríe el arroz a fuego medio, removiendo sin parar, 5–6 minutos, hasta que esté dorado.
4. Vierte la mezcla de tomate y cuécela 2–3 minutos removiendo, hasta que el color se intensifique. Vierte el caldo y añade la zanahoria en dados, los guisantes, el serrano entero y la sal.
5. Llévalo a ebullición, baja el fuego al mínimo, tápalo y cuécelo 18–20 minutos, sin remover ni levantar la tapa.
6. Retíralo del fuego, déjalo reposar tapado 5 minutos, suéltalo con un tenedor y sírvelo sin el serrano.
Consejo: El secreto es sofreír bien el arroz: así los granos quedan sueltos y toma su característico sabor tostado.
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