1. Pon las almejas 1 hora en agua fría con sal para que suelten la arena y luego acláralas bien; desecha las que estén abiertas y no se cierren al darles un golpecito.
2. Corta el ajo en láminas finas y pica groseramente el cilantro.
3. En una sartén grande con tapa, calienta el aceite de oliva y sofríe el ajo 1 minuto, hasta que desprenda aroma y esté apenas dorado.
4. Echa las almejas, vierte el vino, tápalo y cuécelo a fuego fuerte, sacudiendo la sartén de vez en cuando, 3–5 minutos, hasta que las almejas se abran (desecha las que sigan cerradas).
5. Fuera del fuego, espolvoréalas con el cilantro, exprime encima el limón y ponles pimienta; normalmente no hace falta sal.
6. Sírvelas enseguida, en la sartén, con mucho pan para mojar la salsa.
Consejo: El plato debe su nombre a un poeta del siglo XIX, Raimundo Bulhão Pato. La clave es la rapidez: si las almejas se cuecen demasiado, quedan gomosas, así que en cuanto se abren, están listas.
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