Las alitas Buffalo son un bocado icónico de la cocina estadounidense: alitas de pollo asadas hasta quedar crujientes y rebozadas en una salsa picante de mantequilla. Con bastones de apio y una salsa de nata agria para mojar son de verdad.
1. Corta los 800 g de alitas por las articulaciones y sécalas POR COMPLETO con papel de cocina: la piel húmeda nunca queda crujiente.
2. Sálalas y espolvoréalas con las 2 cucharadas de harina de trigo.
3. Colócalas sobre una rejilla, encima de una bandeja con papel de horno, y ásalas a 200 °C 40–45 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción.
4. Para la salsa, derrite los 80 g de mantequilla y mézclala con 1 cucharadita de cayena, 1 cucharadita de pimentón ahumado, 2 cucharadas de vinagre y 1 cucharada de miel.
5. Pon las alitas calientes en un bol grande, vierte la salsa y sacúdelas para que queden bien cubiertas.
6. Sírvelas enseguida con los bastones cortados de los 2 tallos de apio y la salsa para mojar hecha con los 100 g de nata agria.
Consejo: La rejilla es fundamental: la grasa gotea por debajo y la parte inferior de las alitas también queda crujiente. Añade la salsa solo al final; si no, la piel se reblandece.
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