1. Cuece la pechuga de pollo en el agua con sal a fuego lento 20–25 minutos; luego sácala y, cuando se haya enfriado un poco, desmenúzala en hebras finas con dos tenedores; reserva el caldo.
2. Quítale la corteza al pan, desmenuza la miga y déjala en remojo 15 minutos en la leche evaporada; mientras tanto, cuece las patatas y los huevos por separado (los huevos, 10 minutos).
3. En una sartén ancha, pocha en el aceite a fuego lento 10 minutos la cebolla picada fina, hasta que esté tierna y transparente; añade el ajo machacado y la pasta de ají amarillo y sofríelo 3–4 minutos más removiendo, hasta que empiece a oler.
4. Tritura en la batidora el pan remojado con la leche y las nueces pecanas hasta que quede liso, viértelo en la sartén y acláralo con el caldo necesario para obtener una salsa cremosa y espesa; cuécela a fuego lento 5 minutos.
5. Incorpora el pollo desmenuzado y el parmesano rallado, sazónalo con pimienta y, si hace falta, con sal, y caliéntalo unos minutos más; si está demasiado espeso, acláralo con un poco de caldo.
6. Amontónalo en cada plato sobre rodajas de patata cocida, pon al lado medio huevo duro y aceitunas negras y sírvelo con arroz blanco.
Consejo: El ají amarillo es más afrutado que picante: si te gusta más fuerte, añade a la pasta un trocito de habanero.
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