1. Quita a las vainas de tamarindo la cáscara quebradiza y las fibras largas, para que solo quede la pulpa marrón y pegajosa con las semillas.
2. En una cazuela, lleva a ebullición 1 litro de agua, echa el tamarindo y cuécelo a hervor suave 10 minutos; luego apártalo del fuego y déjalo en remojo 20 minutos.
3. Cuando se haya templado, aplástalo bien con las manos (o con una cuchara de madera), para que la pulpa se separe de las semillas.
4. Cuélalo con un colador fino en una jarra, presionando bien la pulpa; desecha las semillas y las fibras.
5. Añade el litro restante de agua fría, incorpora el azúcar hasta que se disuelva, pruébalo y aligéralo o endúlzalo a tu gusto.
6. Sírvelo bien frío, con mucho hielo: es una bebida agridulce y refrescante para acompañar platos picantes.
Consejo: Si encuentras pasta de tamarindo en lugar de vainas, bastan 2–3 cucharadas: simplemente disuélvela en el agua y sáltate la cocción.
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