1. Corta la aguja de cerdo en dados de 4 cm y frótalos con el ajo machacado, el pimentón, sal y pimienta; añade la hoja de laurel, vierte el vino por encima, tápalo y déjalo toda la noche en la nevera.
2. Cuece previamente las patatas pequeñas con piel en agua con sal 15 minutos, escúrrelas y deja que se sequen un poco.
3. Saca la carne de la marinada (guarda la marinada) y dórala en una cazuela grande de fondo grueso, en la manteca de cerdo, a fuego medio 15 minutos, hasta que esté dorada por todos lados.
4. Vierte la marinada y cuécela sin tapar a fuego medio unos 30 minutos, hasta que el líquido se evapore por completo y la carne vuelva a freírse en su propia grasa y se ponga crujiente.
5. Mientras tanto, dora las patatas en una sartén con el aceite de oliva; corta la morcilla en rodajas de 1,5 cm y fríela junto a la carne 3–4 minutos.
6. Sirve la carne con las patatas, las rodajas de morcilla y gajos de limón.
Consejo: En el Minho, los rojões tradicionales se acompañan también de «sarrabulho», un arroz especiado con morcilla espesado con pan; si no encuentras morcilla, puedes prescindir de ella sin problema: la carne por sí sola ya es un plato de fiesta.
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